16.11.08

Espía Soviético.

En 1985 hacían ya varios años desde que Pachito había partido hacia la Lumumba, atrapado por la ilusión del socialismo que hervía en Santiago (de Chile y de Cuba), se había hecho llamar Piotr y también, aprovechando, había acostumbrado su paladar al vodka moscovita. Cinco años, para mayor exactitud, de los cuales solo uno y medio había intentado comprender a sus profesores sobre la extraña literatura panfletaria soviética. Para su segundo abril en Moscú, una cosa había llevado a la otra y Pachito entraba a las filas de la KGB, soñando quizás con llenar de cianuro el café del domingo de Ronald Reagan, o con conocer una doble agente llamada a veces Nadia y otras Jane que fuese dueña de sus noches en Berlín, cuyos pechos pálidos e intelectuales pudiesen ser tan perfectamente de Chicago como de Stalingrado, y contarle que en verdad se llamaba Pachito y que tenía una madre en Santiago (de Chile), y que su padre había sido Demócrata Cristiano y había apoyado el golpe y se había arrepentido. Así, en los últimos tres años y medio había aprendido a disparar ametralladoras, subametralladoras, escopetas recortadas, hondas, morteros y cerbatanas. También se había convertido en primer dan de Judo, Chi Kung y once variaciones de las artes marciales rusas. Para 1985 manejaba cinco idiomas, además del ruso y el español, conocía el protocolo de todas las cortes y de todos los bajos mundos, y también había aprendido que decirle y hacerle a una mujer para que esta entregara cualquier tipo de información que necesitara. Pachito sabía técnicas de tortura, sabía de encubrir asesinatos, sabía de destruir familias. Pero el ignoraba eso y mantenía su sueños sobre el socialismo y sobre Nadia o Jane, y cada vez que miraba a Reagan sentía que por fin algún chileno haría algo de verdad. Así estaba Pachito en 1985, cuando el alto comando de la KGB le había asignado, por petición específica de Gorbachov, la misión de aniquilar de una vez por todas a Milton Friedman. La URSS quería, esta vez, una victoria intelectual como no la había tenido desde el '29, y Pachito parecía el indicado.

Salió de Moscú, bajo el nombre de Danilo Errázuriz, el 10 de Agosto de 1985. Llevaba en su maleta una pistola, una tarjeta que lo identificaba como estudiante, diez libros de economía (incluido Das Kapital comentando por Vladimir Lenin), veinticinco mil doláres en efectivo y una lista con los nombres de seis agentes que podían ayudarlo en América. No la revisó, por miedo, hasta que estuvo en el avión a Chicago, y observó que efectivamente en el cuarto lugar aparecía Nadia Davidova. Entonces se juró que la vería sólo si las demás opciones se habían agotado, por temor a que correspondiera efectivamente a una tal Jane. ¿Jane?. Había que pensar en todo, especialmente con las mujeres. Se durmió después de la escala en Frankfurt, y soñó todo el viaje con las tetas de Nadia y con el vodka que probablemente en América sería una mierda. 'Imbécil', se dijo cuando despertó, 'Eres un imbécil'. En el fondo estaba contento porque tenía un trabajo inhumano, pero seguía soñando con tetas y vodka como cuando tenía dieciséis.

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Ya, ya, que siga.

Demosle sabor a Pachito.

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