9.11.08

Para una sociedad más justa:

Para una sociedad donde se deba cumplir el deseo natural del niño de aniquilar sin preguntarse por consecuencias ni sufrimientos ajenos, en la que podamos trabajar lo más posible, no por que alguien nos obliga ni porque nosotros queremos ser mejores ante los demás sino porque tendremos siempre la esperanza de que si trabajamos lo más duro, alguna vez, si nos esforzamos un poco más las generaciones siguientes no tendrán que esforzarse tanto. Una sociedad donde se respete tanto a sus mayores que llegados a la Budeidad seán aníquilados porque han entendido que están destinados, destinados a descanzar en paz. Los elegidos, todos desearán llegar a ancianos, desearán ser saludables para que cuando su cuerpo no sirva a los demás sea avandonado y sacrificado como todo buen buda. Una sociedad donde no se asesinarán otros seres para comerlos sin que estos entiendan a su vez el porque son asesinados. Donde se los asesinará despiertos, mirándolos a los ojos, pidiendoles perdón, dandoles gracias y diciendoles te amo te deboraré porque tengo hambre. Una sociedad donde hombres y mujeres no se sientan avergonzados de ser lo uno ni lo otro y no tengan miedo de disfrutarce todo lo que quieran. Donde la gente lo piense mil veces antes de traer un niño al mundo, que mejor revisen por aire mar y tierra si hay algún infante desvalido que ya nació en el terrible mundo y merezca unos padres lo tomen, como tomen como uno de ellos, que es la única verdad. Una sociedad donde los hijos son de la sociedad, una sociedad donde el sentimiento revolucionario ha muerto, donde la disidencia ha acabado, porque la revolución ya habrá pasado y habrá sido una página más de una historia que había dejado de leerse hace un rato. donde los rebeldes como yo se hayan acabado. Porque ya no había caso pensar en el pasado, vivamos el presente sin miedo a las sequías, sin miedo a las hambrunas, sin miedo a la peste, y cuando quedemos pocos matémonos honrándonos, diciéndonos “tú primero, tú primero”.

Una sociedad hermosa, donde la violencia como violencia no existe y donde la diferencia no es descontento pero regocijo ¡Un niño especial! ¡Un enviado de los dioses! ¡Es hermoso, es hermoso! Que belleza, un mundo donde todos son tan únicos y se atreven a serlo que no temen parecer iguales. Por supuesto ese mundo en completa armonía jamás sucederá, tal vez solo en nuestras mentes llenas de esperanza. Pero es el mundo por el cual estoy dispuesto a luchar. Uno donde luchar no sea necesario.

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