5.11.08

Sobre ojos de colores

Si existe la realidad yace en la infinita diversidad de la degradación de los colores.
El sublime abanico de posibilidades que nos ofrece la luz es todo cual concibes y eres capas de concebir.
La luz, majestuosa e imperante, es normal que a veces lleguemos a extremos en nuestro afán por alcanzarla, cual polillas que terminan quemándose al acercarse a la fogata o a una pequeña luz de vela. toda la creación misma gira en torno a un gran prisma que adora mirarse a si mismo, la realidad solo quiere amarse a si misma, ¿le negaremos su única intención? ¿Nos aislaremos para evitar que nuestros ojos contemplen en la creación a nosotros mismos a cada momento? Es difícil. Difícil saber que responder cuando la grandeza de la realidad nos supera a cada momento y no podemos hacer nada más que mirar con lágrimas en nuestros ojos la eterna belleza del florecer universal.
Si existe la belleza en este mundo yace en la profundidad que trae el cambio, y con el cambio el movimiento, una danza constante de consonantes y colores cuya única constante es el florecer. No sólo las flores, pero la tierra misma, las aves, los peces, nosotros mismos florecemos cada día, ¿le negaremos a la realidad deleitarse en nosotros? no, porque es la única forma de deleitarnos en ella, completa reciprocidad entre el ser y el entorno. Incluso la muerte cuyo velo de niebla parece apagar toda luz trae consigo una danza inesperada y un sonido tan prístino como el magnánimo aum.
Generosa realidad, en el sol te deleitas alimentando nuestros ojos para que podamos contemplarte, contemplarnos y esparcirnos como tinta sobre el papel, acuarelas sobre el lienzo, y el lienzo es nuestra vida, las acuarelas son nuestras manos y pies, ¿quién pinta los caminos?
Los caminos, trazos de historia, ¿Cuántos pies han recorrido mi camino a casa? No lo sabré, ni lo sabrá nadie, porque a nadie le importa realmente la historia si no es la de sus pies, aún en el pasado es con nuestros pies que medimos aquello que nos interesa. Con los pies medimos, con los ojos catalogamos, con las manos disfrutamos, con nuestra boca entregamos. Cantar y bailar, magnífica combinación, pintar, dibujar, escribir. Contemplar. Amar.
No admiro las palabras sino la forma en que se plasman en la realidad, sacamos de nuestro propio mundo algo para compartir, si no quisiéramos compartir no estaríamos mirándonos, hablándonos, porque tratamos de vernos a nosotros mismos en los demás, a través de igualdades, a través de diferencias y cuando por fin puedes ver en ti a todo cual te rodea piensas ¿Yo sigo ahí, o soy tan solo este crisol sin estructura? Valgámonos del viento para responder a eso e ignoremos la pregunta, mejor sigamos de largo y a bailar y disfrutar, hasta quemarnos, quemarnos por completo y renacer de esas cenizas, morar en el fuego, el fuego mismo o en el gran rayo que es la generosa voluntad que mira tras tus ojos. ¿Te has preguntado quién está ahí? Pues tan solo eres una ventana por la cual el universo se contempla, y entonces ¿quién está tras los demás? Eso lo sabrás si contemplas el único punto en cada uno donde no puedes ver, donde la luz misma llega y nace, tras los ojos, la pupila, agujero negro que ha hecho posible todo cuanto vemos. La vista, que gran regalo, ¿y aquellos que nacen sin ella, son más afortunados? ¿Fortuna, que es eso?

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