11.12.08

De cierto

De cierto, no hay otra que contraste tanto con la vida. Extraño ese Sol, que golpea tu espalda y no da tregua, y esa brisa salvadora que baja de la cordillera para hacer más pasaera la existencia. Me imagino subiendo por el cerro en bicicleta y tirandome al vacio pasando por la gruta y la virgen rota, sin pies ni cabeza, pasando por las animitas de los niños muertos por la vida minera, pasando por el pavimento de la calle principal que cruza toda la ciudad y me demoraría menos de cinco minutos en terminar si fuera a toda velocidad, como el rayo, el viento en mis cabellos ahora negros artificiales y el viento haciendo llorar mis ojos como cuando era chico y no podía soportar la velocidad.
Caminar hasta la piedra de la mesa, contemplar la gigantesca figura a manera de stencil de piedra que recubre un cerro con la cara del gerente general de la divisón -sic- y ver las vinchucas saltando de aqué para allá, con su mal del chaga tan cerca de mi piel sucia de polvo y sudor.
Miro la luna, las estrellas, esas que son más reales, los árboles que por ser tan pocos son más reales y el agua que busco desesperadamente porque no llevé suficiente al caminar, la encuentro y sabe más real, con todos sus minerales e impuresas que llevan el cobre a mi organismo, por ser tan escaza, tanto más real me sabe.
Las lagartijas, que si fueran algo más grande acabarían con nosotros, me miran y no me dicen nada pero al menos no arrancan cuando me acerco y las tomo con cuidado, no muerden fuerte pero duele y te hacen sangrar, ¿quién te crees para tomar a una lagartija con tus manos tan poco tan sucias?...
Mi piel ya está roja, mis ojos también y el polvo no me ofrece tregua, las colas del diablo pasan a mi lado pero ninguna llega tan cerca, es que nadie realmente puede estar cerca de ellas, los remolinos son para mirarlos.
Me gustaría caminar y caminar y caminar hasta caer para saber que se siente, pero se que si hiciera eso en el desierto no volvería a despertarme y mi cuerpo se transformaría en piedra por la perdida de agua, sería como un hombre pasa.
Escuchado Wish You Were Here evoco recuerdos en mi pieza tapizada de espadas y nadas y desde afuera imagino como se vería el final del telón cuando cae nieve, como si la obra estuviera por finalizar.
La gente se va, algunos se quedan, las noches son pacíficas para los que no conocen el pasado de esas calles, pero tarde o temprano todos se inician. Ya basta, me dió hambre, y los recuerdos jamás podrán sustituir la comida.

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