25.10.08

El Pachito prohibido

un sacrilegio, pero va...

¿Qué le preguntaría a Pachito si supiera que me contestaría cómo solía hacerlo ayer? Ayer, cuando se paseaba sonriente entre nosotros, con esa especie de inocencia poética que a veces nos molestaba y nos parecía pueril y llena de arrogancia, pero que al fin y al cabo era él mismo y nada más. Y no puedes ser tú mismo sin molestar inevitablemente a alguien. Porque Pachito ya no habla. Con nadie, quizá ni con el mismo. La verdad es que no sé que le hubiera preguntado a Pachito en esos tiempos, no se me ocurre nada. Pero sé que cosas me hubiera preguntado él si hubiéramos tenido un poco más de tiempo para conversar. Irnos en la volaa. Hubieran sido cosas cómo “¿Dónde esconde la realidad sus sorpresas? ¡Por favor dímelo! Ya me cansé de buscar, quiero que me lo digan, no me importa hacer trampa”. Sí, Pachito era como un niño inmaduro, como un niño que se picaba con la realidad de la misma forma que un niño se pica con sus padres cuando lo obligan a prestar sus juguetes. Ay, Pachito, de verdad que nosotros nunca te ocultamos ese secreto que decidiste era tan imprescindible para ti. Quizá tampoco lo expresamos, está bien, pero es que no es tan así, no es tan así… No tenías para que seguir recorriendo a ciegas, como un burro azuzado quién sabe por qué (o por quién) esos caminos falsos que habías levantado con tus abstracciones. Estabas orgulloso al principio, nos lo decías hasta el hartazgo. Pero sabías que eran peligrosos y tú quisiste perderte. Y qué le ibas a hacer de todas formas, no sé para qué te digo estas cosas. El secreto es que a todos les pasa, Pachito, así de sencillo. Es como con el alcohol: si te sientes mal, vomitas y te vas a dormir. Pero emborracharse más, no se puede. Eso habría que haberle dicho a Pachito ahora que lo pienso. Al mismo Pachito que se creía poeta maldito, posmoderno insufrible, hijo de todas las mujeres, perseguidor de ese mundo que se le escapaba de las manos siempre. Condenado a ser la materia inerte abandonada a las mareas de una existencia que no parece la suya, de un tiempo anclado, una ciudad azul, multitudes y multitudes anónimas llevando paraguas por si llueve y los amigos del sábado, que se mutilaban tan plenamente. A ese pachito habría que habérselo dicho, no al Pachito de ahora que, por lo demás, ya se fue, pero que todavía se sigue yendo. Un día Pachito se estrelló adrede contra la realidad y la quebró en mil pedazos. Entonces, se fue por el agujero que había hecho, ligero y con sus maletas vacías. Pachito se fue. Pero sigue ahí, todavía lo encuentro caminando por las mismas calles de siempre, fumando luckies corrientes, tomando té a las cuatro de la mañana o durmiendo borracho en un sillón, pero todos sabemos que Pachito ya se fue.









Bonus Track
(adelantar un poco después de la última canción para descubrir la cancion oculta)


Y se fue, pero para los demás sigue aquí. Los demás que tanto lo quieren y lo necesitan, lo miran y lo envidian, lo quieren tocar.
Panchito sólo espera el día en que por fin cierre los ojos y pueda encontrar la paz. Pero no tiene prisa, Panchito es un maestro del ir y volver, es un hombre santo- pero no deja de ser un hombre- Panchito es el rayo - - es la propia voluntad. Por eso no tiene miedo de llorar, y de besar, y de acompañar, y de estar sólo.
Panchito ya no quiere nada, ni siquiera descansar, es por eso que no tiene prisa ni miedo de vivir. Panchito es el miedo y la luz que es el amo de la muerte. (Panchito se casará con todos los colores).

1 comentario:

Anónimo dijo...

a pachito en la canción oculta le sobra una n.
o a pachito le falta una.
o a panchito no le falta ni sobra nada,
o a pachito le falta y sobra todo.