Que bueno sería ser cursi y decir que el rocanrol fluye por mis venas, o que el grunge fluye por mis venas, o que el espíritu de la revolución fluye por mis venas. Pero no, lo único que fluye por mis venas es sangre, y es tibia caliente hirviendo tibia otra vez, alternativa pero nunca fría, como si respondiera al sol, a las polillas sobre el área chica, a un par de mujeres (ojalá no tres), al antropólogo de turno, a la soledad de una ciudad vacía de calles. Eso sí, el pánico hiela la sangre. El miedo de mirar directo, a tocar sin guantes, a correr sin demonios. No se si Panchito lo sabía, yo creo que sí, pero esto no se trata de Panchito si no de más allá, y más allá estoy seguro de que lo saben como lo sé yo también, que me quito el pánico como lagarto al sol, como serpiente al sol, como amapola al sol, como papas al sol que se vuelven venenosas. Una vez me envenené con puré viejo, y vomité con olor a almendras amargas por el cianuro. Hace poco me envenené de nuevo, pero no con papas sino con ninfas:dríades, náyades, sílfides, ninfómanas no pero sí Calypso. Es raro el asunto ese de las personalidades múltiples, raro pero entretenido, porque hablar contigo pero no contigo al mismo tiempo es como una masturbación en realidad virtual. Como un sueño húmedo pero más íntimo, sin tanto Morfeo involucrado. Morfina quizás, para calmar el dolor, porque cuando eres más de uno te duele como a más de uno, y de hecho suicidarte sería genocidio y es muy raro cuando una personalidad es negra y la otra es elfo y se odian. Ese fue mi problema con las ninfas, más o menos. Porque yo creo que yo era uno y ella era una, pero los dos con personalidades múltiples y todas estas personas en dos haciendo el amor entre sí, una orgia bastante sui generis, tan sui generis que seru girán, en donde todos parecían odiarse pero reírse mucho con su propio pandemonio. Había quizás una especie de Mû ahí, de Atlántida, de vacío, de antillas. Un poco de todo en un desierto donde los protagonistas principales fueron de nuevo egipcios y romanos, y las bibliotecas ardieron y Cleopatra se durmió con las serpientes cuando Marco Antonio (Marci Filius Marci Nepos) se hundió en el Mare Nostrum.
A veces me siento como un mamut. Cuando me desentierren en diez mil años más, todavía va estar la punta de la flecha metida entre las vértebras lumbares.
2.11.08
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