la lámpara ilumina mi escritorio. las polillas a su alrededor revolotean. el lapiz está tirado. el papel en blanco. la mente en negro.
no sé ya que escribir.
así partió mi día. el ejemplar escritor frustrado diría el pablo. la rutina a comenzar se vio truncada, así de improviso. como un árbol talado de un golpe, mi inspiración cercenada.
sali a caminar a ver si la encontraba de vuelta. compré un diario, fui a la plaza, caminé los caminos que llevaban a ningun lado en busca de historias. me crucé con algunas, pero ninguna parecía traer consigo mi inspiración.
en esas, sin darme cuenta, llegué hasta la alameda. la ciudad estaba en su bullir cotidiano. plagada de personajes, diálogos y metatextos. pero ninguno me hacía sentido. les faltaba ese no sé que. o yo no sabía ya encontrarlo.
eso que más temía estaba cumpliendose. sin saber ya que hacer, me apronté a volver a mi casa. volvía sin más que un diario arrugado, 2 sudokus hechos, un completo en el estómago y luca menos.
el gato se había meado encima de mi sillón. el día no podía estar siendo más maldito.
y yo, en las mismas que el ejemplar escritor frustrado, no sé que más escribir.
bienvenidas sean sus contribuciones a la continuación. que para dejarlo así es mejor no dejar nada.
2.11.08
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