27.11.08

La maratón partía en Pajaritos. Más bien partía en su casa. Corría al baño, a la cocina, afuera de su casa, al paradero, a la estación, a la otra línea, al otro paradero, a la otra casa. A veces resultaba victoriosa, pero la mayoría de los días no llegaba a tiempo a la meta.
Siempre eran 3 segundos de mala suerte y de perder el colectivo, la micro, el metro, la micro. Siempre eran 3 segundos que la hacían perderse de todo. Se levantaba a tiempo, pero cansada por esos 3 segundos. Hacía el desayuno –no el suyo- cansada, ordenaba su casa, dejaba listo el almuerzo y partía. Hacía las camas –no de ella-, limpiaba las mugres ajenas, hacía el almuerzo y la comida, y ponía la mesa donde no se sentaría, y partía nuevamente. A encargarse de asuntos de otros. El día nunca parecía terminar bien, pero cuando partía, siempre tenía la esperanza que así fuese. Creía lo que le decían; el día estaría parcialmente soleado, habría paro en el registro, a la noche darían esa película que ya habían dado –y había visto- 3 veces.
Tenía 3 hijos y 2 hermanos. La plata de la pega de los lunes, miércoles y viernes no le alcanzaba, con la de los martes y jueves apenas alcanzaba a sumar lo necesario. Trabajaba los domingos en la feria, vendiendo lo que había hecho las noches del lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado.
Tenía ganas de volver a tejer, pero cuando el montón de ropa por planchar parecía acabar, se reproducía nuevamente y se veía más grande cada vez.
Ya ni sabía bien cuanto tiempo llevaba en esas. Parecía haber sido siempre.
Un día de esos parcialmente soleados, llegó al paradero y el colectivo no estaba justo dando la vuelta a la esquina; estaba ahí. Extrañada se subió. Llegó al otro paradero, y nuevamente se extraño. La micro estaba ahí. Se subió, y casi creyó haber imaginado lo anterior. El día parece que sí estaba yendo bien. La rutina se repitió con exactitud hasta la noche, sólo que parecía estar viviéndola con 3 segundos de antelación. Y todo lo sentía distinto.
Esa noche soñó que corría una maratón. Terminaba primera.
Por la mañana, el colectivo estaba dando vuelta la esquina cuando llegó al paradero.

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