escuchaba los zapatos del alguacil merodeando por la sala de estar mientras arrastraba el camioncito de juguete por el pasillo. Que extraño, pensaba todo el tiempo, el pasillo no era tan largo y el techo no estaba tan alto. Algo lo hacía sentirse nervioso mientras bajaba la escalera, tan ancha que no veía los límites. Los pasos del alguacil se escuchaban cada vez más fuertes, resonaban por toda la estancia. Y ahí estaba su primo Tom, le daban miedo sus pecas. No sabía que estaba haciendo, estaba acuclillado junto al río. "Martha está en el árbol. A las seis pm" le dijo, riéndose. Martha si estaba en el árbol, fumando un cigarro que le había sacado a su papá. "Vincent, no puedo acompañarte" Martha parecía contenta, satisfecha de algo. No lo acompañó, porque después iba solo por el camino que llevaba hasta su casa, con una pelota vieja en sus pies. Sentía una sensación de sangre y violencia en las narices, los pelirrojos le iban a pegar. Uno de ellos le pegó en la cabeza, sin fuerza, para molestarlo. Y quería golpearlos, cerraba los puños y levantaba los brazos, pero se sentía impotente. Los pelirrojos estaban allí, quietos, sin ninguna mueca en la cara, como muñecos. Y por más que se esforzaba, no podía golpearlos, sentía los brazos pesados y el cuerpo somnoliento. Se esforzaba tanto que comenzaba a sudar y a sudar,
Y sintió el golpe de acero en la boca. Lo primero que vio fue a un tipo gordo frente a él, mirándolo a los ojos, con un fierro en la mano.
-Despertó Vincent Vaima, el inmaculado hijo de la patria.
Estaban en un cuarto oscuro, lleno de cajas. Advirtió la brasa de un cigarrillo y entonces sintió el olor a tabaco. Había un individuo sentado en las cajas.
-Vaya que eres pesado, hombre.
Comenzó a recordar algunas cosas. Se sentía mareado, había ido al baño cuando se cortó la luz. Luego sintió un gran bullicio, unos balazos y un golpe en la cabeza.
-Mejor comienza a cantar, Vaima -dijo una voz familiar. Venía del tipo que estaba atrás, en las cajas-. Mi amigo aquí, no tiene mucha paciencia.
-¿Que mierda es es...
Vaima no alcanzó a terminar cuando sintió otro golpe en la cara. Cuando abrió los ojos vio que el sujeto misterioso se acercaba lentamente.
-Si hasta tienes timbre de ruso. Como no lo pensé antes.
Su cigarrillo en la mano describió una curva amenazante. Era el sr. Bolt.
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