23.11.08

Uno, Dos, Tres

Cuando se le acercaba el final, mi abuela comenzó con su acumulación de recuerdos. De un día para otro empezó a llenar su departamento con fotos tan antiguas que ni yo ni mis hermanos ni mis primos conocíamos. Fundamentalmente eran de mi abuelo, quizás por eso, o más bien de la familia de mi abuelo. Recuerdo una serie de fotografías de un tipo, un milico, como de mil ochocientos cincuenta, con un bigote que se veía muy gracioso. Tu tatarabuelo, me dijo ella, y a mi me pareció tan extraño que nunca hubiesen hablado de él y de pronto todas esas fotos pegadas en la pared como si fuese su hogar legítimo. Mi viejo tampoco las había visto nunca, aunque si recordaba haber oído un par de historias, y yo empezé a pensar que quizás mi abuela ya estaba loca y se había puesto a comprar fotos del mismo tipo en los anticuarios sin siquiera preguntar quien era. Aunque no parecía loca, y su memoria estaba firme, y cada día llegaba con más fotos, que nunca supimos de donde mierda sacaba, y poemas. Esos sí eran de mi abuelo. Es obvio, porque yo ya había leído unos y se notaba la misma pluma. Eran bastante buenos, como pararse en un bote en medio del lago y saber que no te vas a caer porque es imposible morir en un lugar tan hermoso, y eran muchos, increíblemente muchos. Nosotros sí sabíamos que mi abuelo era muy poeta, pero aún así nos sorprendimos cuando el estante donde mi abuela estaba coleccionando su vida se llenó de cuadernos y servilletas y unas pieles extrañas tatuadas en verso. Todo era de mi abuelo, pero parecía que ahi hubiesen tres cantos generales y el Mahbharata completo, y no entendíamos.
El punto al fin y al cabo es que mi abuela volvió de eso su vida, y al principio fue bastante bueno porque en mi casa nunca se había hablado de esa vida. Cuando mucho yo tenía unas fotos y unos garabatos en una hoja con unas florcitas de lápiz verde, y una herencia que nadie me dió pero que me había llegado sin querer y que me guardaba en silencio, pero todo eso era en el fondo un sueño pendejo de tener un abuelo que fuese como Hemingway. Con esa locura que le dio a mi abuela empezamos a entender que no era tanto como Hemingway, por suerte, sino que quería más a la gente, especialmente a mi viejo y mi abuela, y que se había puesto a escribir porque probablemente en esa época no existía la piscola. Me di cuenta de que era menos comunista de lo que yo pensaba, pero diez veces más revolucionario, y que en verdad si se había muerto había sido porque en verdad no toleraba que se estuvieran violando a su país por el culo, no por maldad aunque en un acto de insensibilidad tremenda. Entendí a mi viejo, que debía haber estado orgulloso de que su viejo fuera tan poeta y tan muerto, pero que con ocho años no se puede vivir de un imbécil que está en las letras. Y así. La locura de mi abuela me pareció bien justificada, porque despues de tanto ser musa, cuando te vas a morir lo más logico es ver como te cantaron.
De a poquito se le fue olvidando lo de buscar más y más fotos y más y más poemas, y nos quedabamos los dos mirandolos pegados en la pared como si fueramos detectives. Detectives bien idiotas, porque entendiamos todo y no hacíamos nada por encontrar a los culpables. Y después un día no se despertó. Cuando mi viejo me lo contó no se podía la voz, asi que la arrastró a traves del teléfono como quien arrastra los sacos a una trinchera. Pero también en esa voz creo que por fin estaba entendiendo por qué cuando se habían violado al país por el culo él no se había dado cuenta, y a las dos semanas sacó todas las fotos y los poemas y los guardó en un caja. La enterró con una botella de whisky cerrada, no se porqué, y encima de ella, debajo de ese peumo tan grande que había plantado pensando en cuando yo tuviera hijos, dejó el cráneo de vaca que me había dado cuando chico para que espantara los espíritus. "Viejo enfermo", pensé cuando me acordé, y me reí mucho. Me dijo que cuando él fuera abuelo, podía desenterrarlos y dárselos a mis hijos, pero que ya estaba bueno que nos olvidaramos de esta estupidez de ser todos tan parecidos. Yo miré el cráneo y me daba tanta risa que pensé que ni cagando.

1 comentario:

pk dijo...

buena historia.

(por cierto, mandé al email de curso la materia de funcionalismo y estructural funcionalismo, que no pego acá como han hecho porque quiero ser rupturista dentro de la comuna.
mentira, porque le puse un dibujito, y porque me tinca se desordenaría el texto y borrarían las cursivas, negritas y esas cosas.
para que revisen por si necesitan para mañana)

salud.