se que es tan largo que es una paja, pero si se dan la paja...
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Cientos de razones para abdicar
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Llegado a este punto quiero creer que levanto mis propios símbolos y que establezco mis propias verdades. ¿Para qué llegar a transcribir lo que se te escapa hablando weas estando borracho o pasando la tarde entera escuchando tango y tomando mate, con la boina y las espuelas puestas y con una imagen de las pampas pegada en la ventana? O estando una tarde con las cortinas cerradas, siendo bohemios y sofisticados, escuchando como yerko dice “que wn más desagradable” (respecto a Spinetta) mientras pinta en el suelo y yo escribo poemas sobre la cama. El aire pesado a tabaco, el termo con agua caliente en el suelo y el ventilador dando vueltas lo hacen sentir a uno como cortázar, sofisticado y bohemio. No sé que se cree uno haciendo esto, practicando estas deficiencias simbólicas sólo para concluir que “masa” y “gordo” son esencias de lo simpático. Pero de todas formas también concluimos cosas como que el valor del tango está en que transforma la depresión en melancolía. Y si alguien como Victor Hugo dice que la melancolía es la alegría de estar triste, significa que algo se ha progresado en todo este tiempo, después de todo.
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¿Nunca han sentido una absoluta desconexión con el espacio en el que se encuentran? No es nada místico, sólo les hablo de cuando se está a punto de dejar un lugar y ocurre que tu mente se va antes de tiempo. En realidad es algo que pasa sólo cuando sientes que perteneces a un lugar. Con el tiempo deja de pasar, pero uno siempre lo recuerda. Era una inquietud emocionante, la víspera del viaje te creaba la necesidad imperiosa de partir lo antes posible. Pensabas que quedarse sería una tristeza, porque las maletas ya estaban hechas y parecía que la habitación se había dormido anticipando tu ausencia. Con el tiempo las cosas dejan de ser tan fáciles, a veces uno estúpidamente decide quedarse, pero ahora si estoy hablando de algo místico. Te quedas varado en una ciudad de la que todos se van, en la que todo desaparece, sabiendo que lo mejor sería simplemente partir.
Un poco más y ya estoy en el aeropuerto. El tiempo se arrastra recordando cosas, prendiendo y apagando pequeños animalitos llenos de tabaco. Hay una cosa que todavía no decido si meter en la maleta o no. Quizá pase lo que queda de noche decidiendo, atrapado en la misma actividad repetitiva. Por lo mismo, ya comienzo a sentir incoherencia entre esta ciudad y uno, es una vertiginosa sensación de querer abdicar, de querer ser el errante que no pertenece a ningún lugar, un hombre que no tiene nada que perder.
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El fin de año, ahora qué? Llegó la hora de los inevitables balances y todo eso? La vida, como todo proceso, tiene la particularidad de ir haciéndose más mecánica cada día que pasa. En parte eso es bueno, porque puedes dejar de preocuparte de ciertas cosas que se van haciendo rutina y poner la mente en otras. Algo que creo haber integrado de Benedetti es eso de que realmente la vida te ofrece pequeñas treguas. Y la vida misma es una tregua por lo demás; una tregua de un estado primigenio de absoluta perfección, una tregua de un paraíso de formas absolutas, (y habitado por andróginos). Durante la vida se buscan esas formas. Es que durante las treguas siempre se añora un poco lo que está fuera de su alcance y todo pasa demasiado rápido como para alcanzar a darse cuenta.
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“Los dioses son buenos y todo lo ven”, los dioses no se preocupan de los asuntos de los hombres, dios no existe, “dios es el único ser que para reinar no tiene ni la necesidad de existir”, y que viene después?
El primer hombre que niega la existencia de dios se siente increíblemente poderoso.
Pero al final todos pagamos por nuestras blasfemias.
Cuando la voz curtida de la pálida te susurre- “lo que me tranquiliza es pensar que toda esta wea me pasa porque soy un maldito poeta” A propósito de lisergia y letanías contra la locura; en tiempos mejores observé desde mi cama cómo se producía ese fenómeno conocido como humanidad. La realidad es cómo materia prima, está en bruto frente a uno, como una especie de gigantesco entramado de cuerdas que producen un repertorio infinito de sonidos. Y las personas han venido tocando las cuerdas inconscientemente desde el principio del tiempo: la realidad que buscamos se deforma, el espacio entero se va poblando de una música que no se detendrá en miles de años. La materia está a mi disposición, absurda y repetitiva trama de la realidad, todo está en función de esa potencial poesía que fluye frenéticamente, inundándolo todo. La megalomanía a veces suele ser una poderosa herramienta para soportar los días cuando pierdes la noción de ti mismo, cuando te das cuenta que las cosas te están saliendo mal, las palabras son torpes e innecesarias, y la soledad de las multitudes bulliciosas y la abrumadora lucidez para verlo todo terminan aburriéndote fatalmente. “La wea que le fue a dar!” le diría mi tío Roberto al Abuelo “DEPRESIÓN! Esa enfermedad de los ricos”. Y los reproches del taita suelen sonar más o menos así “yo se los dije (refiriéndose a la humanidad entera, que obviamente estaría mejor si lo hubiéramos escuchado), pero no me hicieron caso. Ahora ven. Le pasa a todos los cabros: el primer año se dedican a wear porque no están lo suficientemente maduros como para dejar la casa”.
Estableciendo verdades. Mira viejo, no me vengas a hablar a mí de leyes generales sobre el comportamiento de los jóvenes, porque puta madre que de leyes-generales-hipotético-deductivas-hiperpostivistas ya debería ser un experto a estas alturas con tanta especulación académica que hasta en la sopa estoy comenzando a ver leyes generales y sofisticados teóricos que las destruyen. Tienes que ver las cosas en su contexto, analizar mi situación tomando en cuenta cada uno de los pequeños factores que tu mente observadora-externa-llena-de-prejuicios-y-sesgos-etc pasa por alto ¡No puedes ignorar esta gran conclusión de la humanidad después de siglos de ciencia ilustrada! Ahora ves que me he convertido en una persona con argumentos empíricamente contrastados. Las cosas no son tan sencillas como parecen. Ahora tengo la convicción de que la esencia de las cosas se encuentra en el discurso cotidiano de la gente que vive vidas sencillas (suponiendo que existe gente que vive vidas sencillas- hay que categorizar a partir de modelos ideales). Voy a volver a citar a mi tío Roberto que un día, mirando las elecciones en el canal nacional, no encontró nada mejor que decir “Puta que tienen ansias de poder estos ricos” y salió a molestar al perro y fumar un cigarro. Resumió siglos de política partidista como un perfecto hombre de ciencia. Yo me quedé un rato mirando como el bigman del oficialismo nos denunciaba todas las fechorías de la oposición. Luego aparecía la oposición acusando al oficialismo de diseminar calumnias. Después aparecía el oficialismo riéndose del cinismo de la oposición y su despotismo de terno y corbata y las cosas que no se han hecho en todos estos años y ¡qué viene a decir ese caballero mentiroso que habla de amnistía! y mi mente que fue un poco más receptiva al comic yanki, esforzándose para ver quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Soy un investigador mediocre así que me bastó esa evidencia sesgada para transformar la hipótesis de mi tío en ley. Así establezco mis verdades. Debe ser porque siempre tiendo a desconfiar un poco de las conclusiones a las que yo llego. Por qué será que hasta los comentarios más comunes de la “gente que vive vidas sencillas” parecen infinitamente más auténticos cualquier cosa que piense yo. Ellos sí que tienen legitimidad para generalizar y establecer verdades, sin malditos marcos teóricos ni citas a pie de página. Y bueno, quemarse es bueno, prostituirse es bueno, y dadas las condiciones económicas de la época, venderse también es muy bueno. Qué gran tranquilidad saberme un bien tranzable con un valor estable en el mercado.
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Estoy aburrida. Sácame a bailar. Quiero que me saques a bailar. Como en Pulp Fiction.- A mi vida le hace falta un gran suceso, un gran suceso como cuando perdí la virginidad-. Que te pasa?- Nada, es que estoy hecho mierda. Hecho mierda, pero de todas maneras es mejor estar hecho mierda que habitar ese silencio incómodo que delata hasta que punto hemos caído. Probablemente hubo tiempos mejores y todos tuvimos tiempos mejores. Ahora estamos todos hechos mierda. A veces debería romperse el gran telón, venirse abajo aquel gran teatro de todos los días,- Ven / Sígueme el Juego / Recorramos sin sentido / Esta imaginaria / Frágil / brecha de la realidad / Que se ha abierto ante nosotros / El tiempo estancado se ha desatado / Las mareas de los sueños / Poco a poco / Inundarán la realidad / Y nos diremos palabras / Para huir de las palabras / Dejaremos que nos ataque la fresca embriaguez / De un día que no es este / Cuando no importaba nada / El mundo era una superstición / Y las restos del sueño primigenio / Aún nos llevaban a recorrer somnolientos / Y sonrientes / Los caminos tristes de la vigilia / Ya el incuestionable juicio de la realidad / no nos puede alcanzar / Estamos aquí, es tan fácil enamorarse / Sólo creámonos toda esta mierda / Ahora que podemos. -Locus Amoenus.
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Hace algún tiempo me había preguntado si la obesidad mórbida tenía sus ventajas. El primer avistamiento de la mujer gorda fue el sábado 13 de diciembre en la ciudad de Santiago. Al parecer, el gran volumen corporal que alcanzan les otorga una especie de soberanía sobre los espacios. Yo estaba viajando en el metro, recuerdo que ese fue uno de los pocos días en que iba sentado (en un asiento propiamente tal). Entonces ella se subió, no me acuerdo en que estación, y se fue a ubicar a dos centímetros de distancia de donde estaba yo, frente a frente. Al principio era justificable, porque el metro venía lleno y ella venía afirmándose del fierro que estaba justo sobre mí. Pero después de unas estaciones el metro comenzó a vaciarse y ella permaneció en su lugar, invadiendo mi espacio. Me di cuenta que me miraba como condenándome, haciéndome notar que a ella se le hacía mucho más difícil permanecer de pie de lo que me hubiera resultado a mí. Pero no le cedí mi asiento (normalmente soy muy educado), porque la cosa ya se había vuelto una competencia, era su dominio sobre los espacios contra mi teatral voluntad de canalla. Al principio no me dejaba apoyar los brazos sobre mis rodillas, que era la posición que me resultaba más cómoda en ese momento. Luego comenzó a interferir con la música que salía de mis audífonos, me comencé a acalorar. Una masa amorfa e insustancial estaba colmando los espacios. No me di cuenta en que momento ya me encontraba totalmente arrinconado en mi asiento, la situación llegaba su punto álgido: unos segundos más y no hubiera podido salir nunca. Tuve que pararme e irme a sentar en el suelo lleno de polvo, junto a las puertas, mientras ella se sentaba triunfante sobre el asiento que alguna vez me había pertenecido. 1-0. Salí del metro sabiendo que nos volveríamos a encontrar.
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Ese tren me llevaba a Requinoa. Hay algo en las tardes convalecientes de Requinoa, algo en su languidez que hace pensar en un sentimiento distinto, que no es el aburrimiento ni el ocio, sino algo más bien parecido a la ansiedad, como una sensación de conciente letargo que anticipa la partida de un gran viaje a tierras lejanas o bien, el regreso de una gran aventura que te hace ver las cosas cotidianas con algo de grandeza. En cierto momento de la primavera el parrón se ha poblado de hojas y de cardenales, y el abuelo se pasea con su bastón de un lado a otro, dan ganas de decirle algo, pero no hay nada que decir. Mirando el parrón te pones a pensar en que momento saldrán las uvas que un día sorprendiste comiendo silenciosamente a la abuela, una de las pocas veces que la viste totalmente erguida. Y te pidió que le alcanzaras una uva rosada que estaba muy alta. Después te pones a mirar los cardenales y piensas hasta que punto sería correcto cortar dos o tres flores para usarlas de vanguardia en algún encuentro inevitable.
Con alguien inevitable.
No me imagino si Requinoa existe más allá de los domingos.
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Con algunas personas ocurre algo curioso. Con el tiempo te das cuenta que no tienen identidad, que estás condenado a conocer sólo una parte de ellas. Quizá sucede con todas las personas. Es algo que lejos de aterrarte, te excita. Dependiendo del tiempo serán diferentes. Contigo serán diferentes que con cualquier otra persona. Tienen mil identidades. A veces pasa que crees que conoces a alguien y en cualquier momento te lo encuentras y te llevas una sorpresa. En ese momento ese alguien está siendo otro. Es que es inevitable formarse imágenes de las personas sólo para ver como esas imágenes se van haciendo pedazos. Es increíble. Nunca se puede conocer totalmente a alguien, por cercano que sea. Mientras más tiempo pasas con alguien, sientes que lo vas conociendo cada vez menos.
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Hay gente decididamente grunge, hay gente antigrunge, hay gente que vacila el rocanrol, hay gente kitsch que tiene tanta gracia que transforma todo lo de mal gusto en algo de buen gusto. Vaya uno a saber cómo lo hacen. Hay gente bella, gente sofisticada, gente que se amarra a si misma en una sola identidad, gente que habla de cosas que merecen ser escuchadas con una mano en el mentón mientras se asiente y se dice “mmm”. Hay gente que tiene miedo de que se le desintegren sus convicciones cuando siente el impulso de hacerlo. Hay gente que se cuestiona sus adicciones y al otro día se da cuenta que se han comenzado a orinar los zapatos. Hay gente que cuando se va, arrastra toda la realidad consigo y te deja vacío. Hay gente que tiene el monopolio de las palabras y gente que busca palabras para levantar imperios. Hay gente que se amansa cuando fuma yerba, hay gente que espera la puesta de sol para desear cosas y desear arrepentirse y hay gente que se emborracha con un par de cervezas y vacila el rocanrol, toda la noche – a menos que se sienta mal y prefiera ir al baño para vomitar un poco.
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Efectivamente escribir es cómo masturbarse, las palabras te satisfacen, te van poblando el ego sin necesidad de reproducir ni producir nada. ¿Sabes cuál es el gran problema de los que se dicen poetas? Es que tienen la enfermedad de que inconscientemente van viviendo su vida como si se tratase de su obra maestra. Cada paso que dan, cada palabra que pronuncian, cada cigarrillo que fuman pasa a ser un verso planificado para la gran composición que ofrecerán a la posteridad al morir. Con el tiempo dejan de actuar para sí mismos y ponen toda su vida en función de ese gran poema que tratan de hacer, en el que tratan de encerrar la historia del universo, ese poema para el cuál nunca terminan de encontrar las palabras adecuadas. Es una enfermedad que los termina sin prisa pero sin pausa; más temprano que tarde les destruye la cabeza y se ven sometidos a un sufrimiento inconcebible. De todas maneras estoy generalizando sobre un comportamiento totalmente especulado, esto no tiene sentido.
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Tiempo de balances, después de todo el fin de año sí es un buen momento para que se despierten los muertos por última vez antes de que los volvamos a enterrar bajo toneladas de tierra. Es como esas personas que, sin esperarlas, encuentras por casualidad y las sigues, a ver si algún día logras tomarle el brazo y detenerla. Pero caminan rápido, porque saben a donde van y saben cómo llegar (y saben que tienen que llegar rápido), entonces se pierden en la multitud y te obligan a meterte y perderte también en la multitud, hasta que por fin las divisas de nuevo, pero ya están muy lejos, en el paradero, abordando la micro. Cada vez que termine el año haremos más balances y más libaciones, incluso hay gente que llega a decir cosas cómo “terminó este año maldito, Dios quiera que el otro sea distinto”.
A uno le basta con que tiren los fuegos artificiales y los puedas ver desde tu casa, así te aseguras de que todo sigue funcionando- y uno nunca deja de sorprenderse de que, después de todo, las cosas sigan funcionando como siempre han funcionado.
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Últimamente uno anda muy metafísico, filosófico y jodidamente iconoclasta. Vamos a sublimar. Sino después uno se queja de que se pierde en ciclos en los cuáles la verdad absoluta decae constantemente hacia lo evidente. Por supuesto que va a ser así si insistimos en recorrer un lugar donde las cosas no tienen formas. Pero un acercamiento a la verdad absoluta nunca deja de ser perversamente seductor. Pongámosle que la vida fuera un cuento, uno de esos cuentos que por más que lees una y otra vez, no logras entender. Entonces lo lógico sería esperar a que el getón que lo escribió saliera de tras bambalinas y nos dijera a todos: “Bueno, mi cuento se trata sobre esto”. Sino qué? Vamos a des-sublimar la maña de esos dioses pequeñitos, es decir, aunque me levantes la cruz suplicante te voy a moler a palos igual. Nada de cosas, eso de verlo todo desde un segundo orden se aprende mejor jugando truco o mintiendo. ¿Cuál es la última de todas las estratagemas? Nunca se puede estar seguro-
Ahora bien, siempre que llegan tiempos de balance es muy probable que sientas a alguien sollozar muy cerca de ti, porque son estos los verdaderos tiempos de las plagas, de las catástrofes, de las sequías, de las cosechas pobres y del hambre. ¿Dónde está dios para pararte frente a él y apuntarlo con el dedo?
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La mañana del 15 de diciembre me la pasé idiota porque no conseguí acordarme de un sueño que había tenido. Y cuando uno se olvida totalmente de algo, le da por pensar que era la respuesta que uno siempre había buscado. El sueño era algo así como una gran broma que me hacían todas las personas que yo conocía. Al final estaban mis amigos, la tía, algunas mujeres, mi mamá y cientos de otras personas, todos reunidos en el mismo lugar, sonriendo y confesando que todo había sido una broma. Pero de la broma en sí no me logro acordar, en algún momento supe de que se trataba, pero ya no.
Es lo mismo que pasa cuando te invade una sensación de incomprensible nostalgia, como que te llega la sensación que tenías durante un tiempo, pero desprovista de recuerdos concretos. No recuerdas personas, lugares, cosas, nada; sólo recuerdas una sensación indescriptible (que no es captada por ninguno de los cinco sentidos en específico). Por ejemplo, cuando llegué a Santiago, el sol brillaba de una manera distinta, las cosas olían de una manera distinta, tenía imágenes distintas de ciertas personas y expectativas distintas sobre lo que tenía que suceder a medida que pasaran los días. Todo eso forma un conjunto amorfo de sentir generalizado. Esta mañana caminé por la casa de pensión y el conjunto amorfo de principios de año me invadió por unos segundos. Es algo que te hace sentir bien, te recuerda que al menos tu eternidad sigue siendo tuya.
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"Sé lo que deseas, es eso? Lo sabía. Sé lo que persigues incansablemente, lo que quieres tener entre tus brazos, lo que quieres que suceda antes de que sea demasiado tarde, ojala que no pase, con el tiempo estarás mejor, ojala que no pase nunca" Acaso quieran quemarte, prostituirte y venderte - porque los aullidos que se escapan de tu boca suenan de una forma hermosa, tus gritos megalómanos algún día deleitarán a multitudes que aprenderán cuál es la justa medida del fuego, el correcto precio de la carne y las palabras que más venden. La vanguardia está condenada a ir a ensartarse a las lanzas del enemigo, para que sus cadáveres guíen al que está más atrás, y con la espada bien templada pueda maletear y maletear, sin mucho riesgo. En cuántos lenguajes distintos somos capaces de llegar a hablarnos antes de que nos echen la torre la abajo. En cuántos? "Ellos aprendieron un lenguaje que nunca termina de pronunciarse", pero hay que descontar todos los simbolismos de la psicosis, "Ellos tardan una eternidad en terminar de decir una palabra", todas las señales falsas, los callejones sin salida, "Ellos tardan una eternidad en terminar de decirse te amo", los presentimientos, los idealismos, "Y mueren antes de terminar de decir adiós", las dependencias, las obsesiones, las instituciones, "Ellos se hablan en todos los lenguajes al mismo tiempo, Ellos se hablan sobre todas las cosas al mismo tiempo", las largas esperas, el juego de esconder los ojos, "Ellos nunca terminan de nombrarse el uno al otro", el juego de contener las palabras, "Ellos nunca se cansan de nunca terminar de hablarse en todos los lenguajes sobre todas las cosas al mismo tiempo", el juego de precipitar los hechos, "Ellos mueren y pareciera que todavía siguen hablándose en algún lugar", el sueño de encontrarse sin buscarse, "En todos los lenguajes", el delirio de vivir rápido "Sobre todas las cosas" y dejar que pase lo que tenga que pasar.
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Te pones a pensar hasta que punto el que te escucha desde el trono se va haciendo totalmente soberano de tu condición. Y cómo comparte el botín con las demás personas que sin saberlo ejercen soberanía sobre tu condición, los que desde arriba te tiran migajas de ti mismo. Es cierto. No soy nadie para hablar de grandes poetas, pero bueno, después tendré que pagar por mis blasfemias. El otro día pensé que Neruda es el tipo que siempre está en la parte de la cancha a la que llega la pelota. No tiene necesidad de correr, tiene las palabras precisas. Pero la victoria siempre es vulgar, los que pierden suelen tener más estilo y rocanrol. Eso de tan corto el amor y tan largo el olvido es una mierda. El olvido es así de rápido con un poco de rocanrol. Quizá cuando viejo, los fantasmas de todas aquellas cosas que renegaste terminen por alcanzarte, pero a Neruda le faltaba rocanrol y eso no tiene perdón de Dios.
Pero bueno, no se puede hablar de Neruda sin haber leído nada más que los veinte poemas. En un análisis estructural del título, se concluye que la parte de los veinte poemas son una larga serie de juegos previos y la canción desesperada, una fatal eyaculación precoz.
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Caminaba por el desierto, cuando ya la sed me hacía delirar. Detrás de mí venía una filita de buitres caminando, siguiéndome. Los escuchaba cuchichear entre ellos, sin quitarme la vista de encima. Qué le iba a hacer, no podía detenerme, había que seguir arrastrando el cuerpo por el desierto a ver si algún día llegaba a su final. Mientras tanto los buitres caminaban detrás de mí, en filita, frotándose las manos. Era comprensible: esos eran días en los que no llegaba mucha carroña al desierto.
¿A qué se referirá Blake con eso de “some are born to sweet delight / some are born to endless night”? Un tiempo que aún no ha sido tiempo. Un tiempo fuera del tiempo. Un tiempo que se repite tanto que pierde sentido. Un tiempo que está siendo todos los tiempos o un segundo que está siendo la eternidad. Una charla de borrachos melancólicos. Cuando lloro, no lloro por nada ni por nadie más que por mi mismo. La pálida es increíblemente poética, pero termina cansando. También termina cansándose uno de sentirse tan identificado con las letras de viejas locas. Escepticismo y cinismo. Un poco de escepticismo hacia todo lo que crees y un poco de cinismo hacia tu propio escepticismo. Un poco de escepticismo también hacia esa frase. Un poco de cinismo hacia ese escepticismo también.
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Y bueno, al final todos creemos en dios, hasta los más cuerdos lo buscan en todas las cosas. Hay una milonga que reza: mi casa es donde canto / porque aprendí a escuchar / la voz de dios que afina en cualquier lugar.
Qué poca cosa es la realidad / mejor seguir, mejor soñar / que lo que importa no es el día. De pronto estoy viendo todo al mismo tiempo. A veces realmente sientes la sobrecogedora eternidad de un par de brazos que te protegen de la incertidumbre y de la soledad que hay allá afuera. Inevitablemente tenemos que renegarlo, tenemos que renegarlo todo, sino no seríamos humanos. La vida es la tregua de un estado primigenio. “Y así fue que los hombres, enfermos de tanta eternidad, se marcharon del paraíso y este quedo vacío”
“Y los dioses, enfurecidos, alejaron el paraíso de todo alcance terreno y cubrieron toda luz que de sus dominios pudiera provenir”
“Con el tiempo los hombres fueron olvidando las formas del paraíso y mientras habitaron la tierra nunca dejaron de sentir que algo les faltaba y por siempre hubieron de buscar en vano”
“Nunca los hombres habrían de regresar al paraíso, tal habría de ser su castigo: vivir condenados por el resto de la eternidad a buscar cosas inalcanzables, inconcebibles, que en la tierra no existen”
“Sólo en breves momentos de comunión con el universo, serían capaces de volver a encontrarlas, pues, a pesar de todo, los hombres aún recuerdan vagamente las formas del paraíso”
El paraíso no tiene sentido sin la existencia de un mundo terreno. Sería tan similar a la inexistencia.
El paraíso es el útero, es un recuerdo cualquiera que te pueda amparar en tu propia eternidad, es mi barrio, es la textura de la alfombra cuando tenías dos años o el camino en bicicleta hacia el almacén, subir las escaleras en brazos del abuelo, el miedo a los fantasmas y la cama de los viejos, el toyota a cien por hora en una lejana carretera del sur, las fotos viejas, las palabras que te inmovilizan, tomarla de la mano y llevarla por una ciudad ensoñada en si misma, los labios que te encuentran recorriendo viejos caminos del amanecer… el semblante es algo que nunca se marchita, hay cosas que nunca te abandonan. La vida es como una calesita. Hay un proverbio chino que dice “Quién sujeta de la cola al tigre está condenado a no soltarlo jamás”. Es como la vida. La vida es como una calesita que nunca deja de dar vueltas. Te aferras y comienza a dar vueltas, cada vez más rápido, hasta que hay que hacer un verdadero esfuerzo para mantenerse arriba. Hay una fuerza que te empuja hacia fuera, pero vos sabes que si te dejas ir, volverse a subir va a ser muy difícil, porque gira cada vez más rápido, así que mejor mantenerse firme, bien aferrado a la calesita que da vueltas y vueltas, sintiéndose más mareado cada segundo que pasa; todo el parque a tu alrededor pierde sentido, y uno sigue dando vueltas, por fin consciente de que nunca se volverá a estar tan mareado como en este momento, ni tan confundido, desorientado, perturbado, ofuscado, enredado, hastiado, enfadado, enajenado, alienado, abstraído, eufórico, frenético, tambaleante, inseguro, arrepentido, perplejo, desengañado, cansado, somnoliento, demasiado drogado y demasiado borracho, y aún así dudando en si se debería abdicar por completo; si fuera cosa de razones no habría donde perderse, si no es dios, tendrá que ser los fuegos artificiales, las olor de las navidades, los campos de concentración que palpitan bajo tierra, los payasos y las orgías de la corte, la vanguardia que va temblorosa hacia la muerte, los paraísos vacíos, los dioses arrepentidos y nada más que un par de miserables desencuentros en esta maldita ciudad hacinada de sueños y de personas viviendo vidas sencillas, masturbando la existencia hasta tal punto que todo se vuelva tan borroso y tan jodidamente complejo. La madurez te curtirá tanto como para dejar de masturbarte de una vez por todas: quizá con el tiempo todo se vea más claro, quizá la madurez sea como una queja milonguera que no termina, como la melancolía por el presente, o quizá sea sólo una brutal somnolencia, una indisposición a volver a perseguir estúpidamente lo inalcanzable, pero es lo mismo, porque quizá sólo entonces te baste el viento de las calles y el olor de los árboles para hacerte sonreír.
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