corría por el andén sin saber porqué,
levantó la mirada y fue golpeada por un ventilador de agua,
cayó y se levantó,
el ventilador no era obstáculo digno.
siguió corriendo,
esquivó habilmente dos ejecutivos y una señora con bolsón,
se deslizó entre la multitud como una serpentina impulsada en ondas,
dejando un haz de color tras ella,
siguió corriendo.
el mazaso de un guardia la aturdió,
cayó al suelo.
no se levantó por varios minutos,
nadie parecía percatarse,
despertó y se levantó.
siguió corriendo,
saltó por sobre una montaña de maletas y turistas,
reptó bajo un panfleto humano,
siguió corriendo.
omitió 3 jingles navideños, 4 avisos publicitarios, 5 ofertones de último minuto y 1 campaña política.
casi ahogada, siguió corriendo.
un segundo mazaso de guardia la volvió a dejar en el piso,
las maletas la encerraron como un pozo,
aturdida y confundida por los avisos no sabía por donde salir,
el ventilador comenzó a dispararle agua,
entrecortada su respiración, desviada su conciencia, ahogados sus pulmones,
olvidado su impulso,
paró de correr.
las maletas se reagruparon en montaña,
el ventilador volvió a su hipócritamente refrescante función,
el guardia a su inútil labor,
los avisos al habitual bombardeo.
se abrió la puerta del metro,
se fue con él.
y así partían todos sus días, menos los jueves.
25.12.08
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1 comentario:
Brigido, es lo que me pasa a veces al andar en metro. Intentas nadar contra la corriente pero son demasiados enemigos que atentan contra tu andar de serpentina.
Lo más efectivo es llevar audífonos y un buen libro. A veces.
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