5.1.09

Belia Blu

-Ivanóvic –ladró el sujeto más alto de todos, estrujándole la mano.
-emm… mucho gusto
Los cuatro individuos que acababan de entrar se sentaron alrededor de la mesa y corrieron el florero para dejar el vodka y las cartas. Inmediata y sincrónicamente sacaron enormes cigarros negros y se pusieron a fumar y a reír, mientras Nadia iba a por vasos a la cocina. Pachito partió detrás de ella.

-¿Qué hacen ellos aquí? –le exigió en voz baja- Nunca los había visto antes.
Nadia se demoró en contestar, parecía muy atareada con los vasos.
-Te dije que vendrían –le respondió, sin mirarlo-. Han llegado esta tarde a Chicago. El sr. Ivanovic es el jefe del departamento de inteligencia, gracias a él estás vivo.
-Ah si, el que casi me saca el brazo –dijo Pachito-. Que tipo más arrogante. ¿Y qué han venido a hacer aquí?
Se escuchó una fuerte risotada proveniente de la sala de estar. Alguien estaba contando un chiste o algo así, y las risas iban en aumento a medida que el chiste progresaba.
-Lo de friedman, ¿recuerdas? –le dijo Nadia sacando el último vaso y asegurándose de que estuviera limpio-. Se ha filtrado una información importante.
-¿Qué información importante? ¿Puedes ser un poco más explícita? ¡También necesito saber estas cosas!
-Todo a su tiempo.
Pachito suspiró. Esto de ser espía le había enseñado a mantener la compostura.
-¿Y los demás quienes son?
Nadia estaba ahora analizando los vasos, mirándolos de arriba abajo. Todo parecía en orden.
-El de bigote es el sr. Igor Jaritónov, era francotirador en la guerra. Se jacta de haber matado a más de mil enemigos del pueblo –Nadia sacó un paño de un cajón y se puso a lustrar los vasos-. El otro que está hablando es Nikita Kaspárov. Se mete el cigarro encendido dentro de la boca y te lo devuelve, aún encendido –Nadia terminó de lustrar los vasos-. Y, finalmente, el que está al lado suyo es su hijo, Alexandr. ¿Satisfecho?
Nadia le puso los cuatro vasos en las manos a Pachito y le dio la espalda.
-Llévaselos antes de que se impacienten, yo voy a buscar el coñac. Odio el vodka.

Cuando Pachito volvió a la sala de estar con los vasos, el chiste había terminado. El sr. Ivánovic tomó la botella y comenzó a servir el vodka. Nikita estaba arreglando el mazo de cartas, mientras el sujeto llamado Igor le hablaba a Alexandr de algo serio, parecía estar aconsejándolo sobre algo. Alexandr miraba al suelo y asentía.
Ivánovic le dirigió la mirada.
-¿Piotr?
-En qué puedo ayudarlo, sr. Ivanóvic.
-Esta noche le va a pasar algo.
Pachito no supo que decir. Ivánovic lo miraba serio, con sus ojos profundamente azules.
-Más tarde conversamos
-Ya está todo listo –los interrumpió Nikita-. Igor sirve el Quipetoc.
-Quipetoc hoy y Quipetoc mañana –dijo Igor y comenzó a barajar el mazo. Repartió dos cartas a cada uno y puso el mazo en el centro de la mesa. Los cuatro miraron sus cartas, intrigantes, y luego se miraron de reojo entre ellos.
-tu das el primer sorbo, Alexandr –le ordenó Igor.
-El agua está muy caliente –repondió Alexandr
-¡Ajá! –gritó Nikita desde el otro lado de la mesa- en ese caso, me pongo a dieta.
Pachito alcanzó a ver que le guiñaba un ojo a su hijo Alexandr, quién, al advertir el gesto, volvió a mirar sus cartas.
-Malditos cobardes –refunfuñó Igor- Valentín, ¿Está nevando?
-tres centímetros de nieve –respondió Ivanóvic.
-me quemo entonces –dijo enojado y tiró una de sus cartas a la mesa. Era un sacerdote.
-Interesante –se dijo Nikita a si mismo, mientras tiraba una de sus cartas sobre la carta de Igor. Era un patíbulo.
Todos se estremecieron ante la carta. Sin decir nada, Alexandr tiró sus dos cartas sobre la mesa: un zar y una botella vacía.
-¡Hay juicio! –dijeron todos al unísono y comenzaron a entonar un himno ruso que le puso a Pachito la carne de gallina. Era un juego realmente esquizofrénico, había decidido Pachito justo en el momento en que llegó Nadia con el coñac y dos vasos.
-¡El Quipetoc está hirviendo! –gritó Alexandr.
-¡Me quemo la lengua! ¡Me quemo! Jajaja –dijo Nikita y todos se largaron a reír.
-Quémate con esto –le dijo Ivánovic amenazante y tiró una de sus cartas. Otra botella vacía.
-Te estás muriendo de hambre, Valentín- le dijo Nikita, burlón-. Exijo cadena perpetua.
-Exijo pena de muerte –le dijo Igor, amenazante-. ¿Qué tal?
-El campo de concentración está lleno, usté no se meta en peleas de perros grandes –le dijo Nikita
-¿Aceptas o no? –le exigió Igor.

Nadia había ido a sentarse en el diván, junto a las plantas, para servir el coñac.
-¿A qué juegan? –le preguntó Pachito, tomando su vaso de coñac.
-Quipetoc –respondió Nadia-. Un juego de veteranos de guerra. Se jugaba en los campos de concentración, como te imaginarás.
-Que juego más raro.
Nikita dejó escapar una gran risotada mientras Igor tiraba las cartas a la mesa con verdadero enfado.
-Déjalos que jueguen –dijo Nadia-. Hace mucho tiempo que no se veían.
-¿Estás segura de que el juego no acaban de inventar?
-En cierta forma sí lo han hecho Las pocas reglas que tiene se van perdiendo a medida que avanza el juego. Es complicado. El Quipetoc es un juego en el que nadie tiene la última palabra –Nadia bebió un sorbo y observó a Ivanóvic que imitaba el caminar de un gallo-. Pero yo no sé, en realidad esa cosa sólo la entienden los siberianos. Están todos locos.
-¡Rasputín quiere follar! –gritó Nikita
-¡Escondan a las mujeres de la corte! –gritó Ivanóvic y tiró el mazo al suelo, desparramando todas las cartas.

Cuando la partida terminó, se sentaron los seis a la mesa, para tratar asuntos serios. Ivanóvic sacó una carpeta de su abrigo y la dejó sobre la mesa.
-Bueno, camaradas –comenzó-. Esta noche tenemos que revisar un par de asuntos de suma seriedad.
Todos asintieron.
-Bueno, vamos al grano. El paradero de Friedman ha dejado de ser un misterio –abrió la carpeta y buscó unas fotos.
-Estas fotos son de 1960, pero eso no va a al caso –en las fotos aparecía un gran edificio camuflado en medio de las montañas, un paisaje del todo tejano- Long Winston Creek, un viejo laboratorio que fue usado durante la segunda guerra mundial para probar el famoso antídoto T con humanos. En 1947, después de la guerra, comenzaron a circular rumores sobre cosas escalofriantes que habían estado ocurriendo allí dentro. Ese mismo año la cerraron y no se supo nada más del asunto. En 1960 un tipo llamado Syd Bellilard había comenzado a recopilar información sobre el caso. Quería hacer un documental. Después de un tiempo desapareció y no se supo nada más de él. Estas fotos las había tomado él –Pachito observó las fotos. El laboratorio era un lugar escalofriante, toda presencia humana resultaba inimaginable en un lugar como ese. Todos guardaron silencio. Ivanóvic carraspeó y prosiguió-. Lo que Bellilard descubrió y no alcanzó a publicar antes de desaparecer es que, a pesar de que el laboratorio dejó de funcionar en 1947, sus instalaciones siguieron siendo utilizadas para almacenar una sustancia que entre los entendidos se conoce como manega. Lo secretan los humanos y las ratas bajo ciertas condiciones. Es un arma biológica que funciona entorpeciendo ciertas capacidades esenciales para mantener la cordura. Un arma silenciosa, lenta, eficaz y aterradora. Bomba Belia Blu.
Volvió a surgir el mismo silencio incómodo que fue roto por la carraspera de Ivanóvic.
-Creemos que Friedman está en el laboratorio –agregó finalmente. Luego miró a Nadia-. Y otra cosa –volvió a abrir la carpeta y sacó una fotografía donde aparecía un rostro familiar-. Este es Gregor, alias Vincent Vaima, creo que ya lo conocen.
Pachito se sobresaltó. Nadia frunció el entrecejo y miró de reojo la fotografía.
-Ya es hora de que lo sepan. Gregor es uno de nuestros encuerados, pero él no lo sabe. Hace unos años, antes de que lo trajéramos a los estados unidos, Gregor había caído en la cárcel por doble homicidio. Mató con sus propias manos a dos campesinos siberianos que lo sorprendieron robando con las manos en la masa. Lo encontramos y lo apadrinamos. Pasó por un proceso de lavado cerebral y se le otorgó una nueva identidad. Familia de campesinos de Missisipi, adicto a la heroína, americano patriota, etc. Dejamos que hiciera su vida aquí en Chicago sabiendo que tarde o temprano terminaría trabajando con la CIA. Nuestro control sobre su persona era absoluto; todas las personas que le rodean trabajan para nosotros: Freddy, el del bar, su ex-novia Diana, Albert… –sacó unos papeles de la carpeta-. Aquí están todas las direcciones que podrían necesitar. No sabemos si Gregor aún sigue vivo, averígüenlo. Si está vivo, háganmelo saber.

El departamento había quedado mucho más silencioso sin los rusos. Nadia había encendido el equipo y estaba sintonizando la radio a ver si encontraba algo bueno. Pachito llenó los vasos.
-Qué triste lo de Vaima –dijo, mientras encendía un cigarrillo.
Música country.
-Hay algo raro en todo esto. Tengo un mal presentimiento.
Una de los beatles, época yeah-yeah. No en ese momento.
-Esperemos a ver que pasa.
-Por lo pronto hay que encontrar a Vaima. Creo que sé donde podría estar.
Leadbelly. Sí, leadbelly.
-Nadia?
-Qué pasa
-¿Qué significa Belia Blu?
-Como no vas saber
-Lo olvidé
-Te amo
-¿Qué?
-Significa te amo, tonto.

No quedaba más coñac, de todas maneras.



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feliz 2009 camaradas comuneros,
les deseo mucha prosperidad, mucha fortuna, muchas secreciones nuevas en su sangre, mucho swing, funk, slap, doble pedalera, y que no se termine el delirio rockstar todavía

aun queda mucho jugo por dar
y ademas walt whitman (cuya barba es más brigida que la de marx) dice : no dejes nunca de soñar / porque en sueños es libre el hombre.

che

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